UNA CIUDAD DEL AÑO 1000

La ciudad de León fue fundada como campamento de legiones romanas. Por ello, cuando comenzaron los problemas con las invasiones bárbaras, se construyeron unas potentes y altas murallas que la convirtieron en un bastión defensivo y estratégico de primer nivel en el Noroeste de España.

Esto permitió que el recinto, de unas veinte hectáreas fuera codiciado por suevos, visigodos y musulmanes y que quisiera ser recuperado por los monarcas del reino de los astures que combatía contra estos últimos.

Por su potencia defensiva, es difícil pensar que quedara desierta desde la última noticia de las tropas romanas acantonadas en ella (en el año 409, en la Notitia Dignitatum la que se las menciona tanto como legión como septimani que eran tromas comitatenses) hasta la incorporación al reino astur de Alfonso I en el 749. Probablemente fuera una guarnición de descendientes de legionarios y soldados que negociaría acuerdos de no beligerancia con todos aquellos que quisieran poseeerla. Porque era prácticamente imposible conquistarla con las técnicas militares de la época con las imponentes murallas que la protegían.

Así, León, tras incorporarse al reino astur recibió habitantes de todo tipo, pero volvió a quedar sólo como guarnición en la frontera hasta el año 854, con Ordoño I, que sí intentó una repoblación con más habitantes.

Entre los años 910 y 914 la Corte astur, que ya pasaba bastante tiempo en Legio-Legione-Leione (como se le fue llamando a lo largo del tiempo) se trasladó definitivamente de Oviedo a León.

Pero tras una época de relativa calma, los ataques de Almanzor a finales del siglo X consiguieron lo que nadie había logrado. Entrar en la ciudad, destruir todo su interior e, incluso, dañar las murallas. El caudillo musulmán sin embargo, no pudo batir la fortificación, una de las más anchas y altas de la península ibérica, y tuvo que retirarse a Córdoba antes de conseguir su objetivo.

EL REINADO DE ALFONSO V

El Reino de León había sido fortísimo a mediados del siglo X con el reinado de Ramiro II (al que los musulmanes llamaban ‘el demonio’), pero después se sumió en una crisis tremenda con más de cuatro reyes en 20 años que terminó con un débil Vermudo II en el trono. Fue el padre de Alfonso V, que murió cuando éste tenía 4 años de edad.

La ciudad legionense había sido arrasada por Almanzor y durante el mandato del joven rey Alfonso tuvieron que reconstruirse las murallas y se vio la necesidad de mejorar las condiciones de vida en la ciudad, por lo que los privilegios para sus habitantes comenzaron a ser comunes. A pesar de todo, la ciudad no contaría con más de mil habitantes en aquellos momentos.

 

La madre de Alfonso V, Elvira, reconstruyó la urbe legionense creando el mercado regulado más antiguo de España, que sigue activo actualmente más de mil años después, y los habitantes de la ciudad se dividían entre los nobles que acompañaban al Rey, los eclesiásticos que vivían agrupados en varios monasterios. Las antiguas termas romanas pasaron a ser el solar donde se construyó la primera sede episcopal, que Almanzor destruyó en el 994, y sobre la que se levantó la primera Catedral Románica de León en los albores del año mil. De la época se conoce la existencia de más de treinta monasterios e iglesias, pero la ciudad era esencialmente agrícola y existían bastantes espacios baldíos dentro de las murallas.

Pese a ser la capital de uno de los reinos cristianos más importantes de Europa en aquella época, en realidad la ciudad era muy pequeña y el comercio se reducía al intercambio de productos agrícolas en el mercado, fuera de la muralla romana en la zona de la iglesia de San Martín y de Palat de Rey. León, por su importancia, también era centro de recepción de los artículos de lujo que provenían de la España musulmana. Las tiendas que había en la época se decidcaban a suministrar los productos cotidianos del día a día.

LOS AVANCES DEL FUERO

Es, pasada la mayoría de edad de Alfonso V, cuando la Curia Regia de 1017 recoge las normas que regían ya dentro de la ciudad, y algunas otras para fomentar el aumento de población. Entre ellas destacan aquellas que tenían que ver con la exención de impuestos o que aquellos siervos que vivieran en la ciudad no fueran expulsados, salvo que se demostrara fehacientemente que lo eran. Además, se promocionaba a los toneleros o tejedores y se eximía a las panaderas a dar pan al Rey, salvo que éstas fueran siervas suyas. Además, si el que cometía un asesinato no era capturado en nueve días, podía volver a su casa sin que se le aplicase pena (una especie de Habeas Corpus).

También se daban facilidades a los repobladores para que conservaran las casas construidas en solar ajeno, pagando una renta o prestando un servicio. Y precisamente de esta legislación se desprende de los preceptos 38 y 41 la primera norma mundial que destaca la inviolabilidad del domicilio con la prohibición de merino (juez) o sayón (alguacil) a entrar en el huerto o casa de cualquier hombre contra su voluntad (excepto si es siervo del Rey) y que además de ellos cualquier otro señor entre en las casas de los habitantes de la ciudad “ni que quiten las puertas de las casas” por causa de ‘caloña’. Este pago se refiere a la recaudación de una multa o coger algo en garantía (de ahí a que no se puedan arrancar las puertas).

 

Otro avance importantísimo son los primeros derechos de la mujer, a la que no se podía juzgar, ser hecha presa ni dada en fianza por una deuda “en ausencia de su marido”. En un reino en permanente guerra era muy probable que el marido estuviera ausente en alguna campaña militar, con lo que aún muy liviano, este derecho protegía a las mujeres de abusos procesales. Además, a ninguna mujer se le podía obligar a preparar el pan del Rey, “a no ser que fuere su sierva”.

En el Fuero de León la legislación de control de los oficios, el abastecimiento y el mercado provoca que se ‘cree’ el Concejo de León para regular los derechos y deberes comerciales dentro de la ciudad. Esta asamblea popular decidía cada año las medidas del pan, el vino y la carne de una cita en la plaza que en la urbe legionense se lleva realizando miércoles y sábados desde hace más de un milenio.

No cumplir la normativa del Fuero tenía un castigo tremendo, aunque fuera por escrito. El último precepto apunta: “Quien quiera de nuestra progenie, o de extraña, que esta nuestra constitución conscientemente intentase quebrantar, que, rotas las manos, los pies y la cerviz, arrancados los ojos, esparcidas las entrañas, abatido por la lepra, justamente anatemizado por la espalda, en eterna condenación con el diablo y sus ángeles, sufra penas”.

Otra cosa es, como en la actualidad, que se cumpliera siempre la ley; sobre todo a la hora de ejecutar los castigos, y dependiendo de quién fuera el infractor.

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Más sobre León en el año 1000: lea ‘Una ciudad cristiana de hace mil años‘ de Claudio Sánchez-Albornoz.

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