DE LAS RAZZIAS DE ALMANZOR

Fue Almanzor, (Al Mansur, el Victorioso) el verdadero demonio para los cristianos del Reino de León y de Pamplona −y también aún condados que formarían el reino de Aragón−, el líder militar que dominó la segunda mitad del siglo X en la península ibérica, tras la desaparición del gran rey leonés Ramiro II (que a su vez los musulmanes llamaban el Demonio).

Un hombre, el musulmán, que nació sobre el año 939 en una familia terrateniente de origen yemení en Torrox (cerca de Algeciras, pero en la provincia de la actual Málaga), en una familia de rango medio, modesta y provinciana, pese a que su abuelo había sido cadí de Sevilla y se había casado con una hija del Emir de Badajoz. Su nombre, bu ʿAmir Muhammad ben Abi ʿAmir al-Maʿafirí.

De joven estudió para ser alfaquí (experto en jurisprudencia islámica, una especie de jurista) y pronto ingresó en la Administración califal y se ganó la confianza de la favorita del califa Alhakén II, Subh, con lo que gracias a esta protección y a su eficiencia burocrática, acumuló rápidamente numerosos cargos. Al morir Alhakén II y su general Galib (del que Almanzor fue intendente), consiguió ejercer un poder extraordinario en como chambelán del califato ejerciendo un poder extraordinario en el Estado andalusí, en toda la península ibérica y en parte del Magreb, mientras el califa Hisham quedaba relegado por Almanzor.

Ya desde el 950, a la muerte de Ramiro II de León, los cristianos tuvieron que pagar un tributo anual al califato cordobés para evitar ataques. Sin embargo, Almanzor comenzó a ejecutarlas sobre el año 977 arrasando Salamanca, aprovechando las guerras civiles y la inestabilidad política del Reino de León (que desde el 950 hasta el 985 había tenido cinco reyes, hasta que llega ese año el reinado de Vermudo II, que fue dificilísimo por culpa de las correrías del caudillo andalusí) y continuó hasta su muerte en el 1002, realizando unas cincuenta y seis razzias (ataques de verano que también se llamaban algaras o aceifas) aunque la mayoría se concentraron en sus últimos años, los de su mayor poder político.

LAS CAMPAÑAS MILITARES QUE ASOLARON EL REINO DE LEÓN

Almanzor atacó tanto centros de importancia política y económica como religiosa. Siempre victorioso, derrotó a los ejércitos aliados de Ramiro III de León y Sancho II de Navarra en las batallas de Gormaz, Langa y Estercuel (977) y en la de Rueda (978). Saqueó Barcelona (985), destrruyó Coimbra, Zamora (987 y 988), asaltó Osma (990) y castigó Astorga (997). Llegando a arrasar Santiago de Compostela en el 997 (se llevó las campanas del santuario del apóstol).

También asedió León dos veces (986 y 988) hasta terminar conquistándola (997) destruyendo su interior “no dejando piedra sobre piedra” salvo los templos −ya que se cuenta que era muy supersticioso, aunque saqueó sus riquezas− y las murallas, que tan fuertes eran que no las consiguió derruir. Aunque se dice que dejó en muy mal estado la parte sur de la muralla romana (la que no se puede ver porque está incrustada entre las casas de la Plaza Mayor, y las calles Azabacherías y Conde Rebolledo), lo que pasados los años llevó a la construcción de otra cerca en la cuesta Castañones (hoy derruida) y la medieval del siglo XIV, que se puede ver hoy sin cubos, para proteger al Burgo Nuevo.

Según la Wikipedia, las aceifas (literalmente ‘campaña de verano’) “tenían como objetivo táctico y económico la captura de cautivos y ganado del enemigo”, mientras que “estratégicamente buscaban generar un estado de inseguridad permanente que impidiera a los cristianos desarrollar una vida organizada fuera de castillos, ciudades fortificadas o sus proximidades. Su característica principal era la corta duración de las campañas y la lejanía de los puntos alcanzados en ellas”.

“A pesar del éxito militar de las numerosas incursiones, con ellas no se logró evitar la ruina del estado musulmán. Aunque detuvo el avance de las repoblaciones cristianas y desmanteló importantes fortalezas y ciudades, no consiguió modificar notablemente las fronteras​ porque Almanzor rara vez ocupó los territorios que saqueaba”, explica la enciclopedia colaborativa.

La región más afectada y vulnerable por las aceifas fue el valle del Duero. Precisamente la zona de repoblación cristiana debido a la presión demográfica que existía en la parte trasmontana de la Asturia (lo que es la Comunidad Autónoma de Asturias hoy). El embrión del reino estaba protegido por los montes cantábricos a modo de muralla capaz de defenderse a sí misma y a la que Almanzor no llegó a entrar. A diferencia de León, Galicia y la incipiente Castilla al Sur de Cantabria y las Vascongadas. “De hecho, las campañas de Almanzor afectaron toda la España cristiana a excepción al litoral cantábrico.

Almanzor tuvo a los cristianos bajo su yugo invencible durante 25 años. El 9 de agosto de 1002, con unos 65 años de edad, Almanzor murió en Medinaceli de muerte natural. “Fue arrebatado en Medinaceli, gran ciudad, por el demonio, que le había poseído en vida, y sepultado en el infierno”, cuentan los cristianos en ‘La Crónica Silense’. Incluso a su muerte sus hijos, primero Abd al-Málik al-Muzáffar y luego Abd al-Rahman Ibn Sanchul (conocido como Sanchuelo), hasta 1009, intentaron con mucho menor éxito seguir la estela de su padre.

EXITOS EN LA GUERRA, PERO UN SONORO FRACASO POLÍTICO

Pero todo lo que consiguió Almanzor en vida terminó siendo uno de los grandes fracasos de los musulmanes en la península ibérica. Al destruir la política de poblamiento del valle del Duero y dejar en franca inferioridad al monarca leonés Bermudo II, las necesidades de intentar recuperar el terreno, y la propia reconstrucción de la ciudad de León, provocaron que se dieran nuevas situaciones legales para beneficiar a aquellos que se arriesgaban a ponerse en el camino de las tropas musulmanas.

Años más tarde, lo conseguido por los repobladores y los infanzones de frontera (los guerreros del pueblo llano) tuvo que ser incluido en la legislación leonesa. Sus derechos conseguidos ante los nobles y los eclesiásticos, el comercio de sus bienes, la gestión de sus propiedades y la Justicia de Frontera conformaron al final el corpus legal que modificó las antiguas leyes del Fuero Juzgo. La necesidad de incorporar todos estos avances y usos de repoblamiento a un texto para que de él dispusieran los jueces medievales (los merinos) fue la causa última de la creación del Fuero de León y la inclusión de los primeros Derechos Fundamentales de la Historia de Europa en un corpus legal.

Paradójico. La mayor amenaza de la Cristiandad, Almanzor, fue la causa del mayor avance legal europeo de la Edad Media. Los Decreta de Alfonso V de 1017 se expandieron en una miriada de fueros locales que configuraron la Edad Media de la Hispania y la Europa de la época. Para convertirse en el germen del parlamentarismo 171 años después en la misma ciudad. Con las Cortes de León de 1188 en la que votaron por primera vez, de forma estamental, los representantes de la burguesía de las ciudades y villas; los tataranietos de aquellos repobladores que se arriesgaron a enfrentarse al mayor caudillo andalusí del siglo X.

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