EL MÁXIMO ESPLENDOR

El Reino de León, aquel que nació del SOLAR ASTUR pocos años después de la toma por parte de los musulmanes de los territorios del Reino Visigótico de Spania, tuvo varios estadios de expansión y contracción a lo largo de los siglos. Fue a primeros del siglo X cuando al reino de los astures −el reino de Yiliquiya (refiriéndose a la antigua provincia política de la Gallaecia romana) como le llamaron los musulmanes− pasó a llamarse de León cuando hizo de la ciudad amurallada legionense su capital principal de la Corte.

En aquellos momentos, y más con la llegada de Ordoño II al trono, la zona preponderante del ‘regnum legionensis’ estaba limitado por el Sur por el río Duero y por el este por el reino de Pamplona y la zona de Saraqusa (Zaragoza) controlada por los Banu Qasi (una familia noble cristiana que se pasó a los musulmanes con todo su bagaje en la invasión y que sería determinante en la Historia del emirato y el califato de Córdoba, y luego tuvo su propio reino de Taifas hasta 1188).

Con la aparición de Almanzor y sus razzias durante 25 años, el reino se contrajo otra vez casi hasta las fronteras de sus inicios, a la vera de las montañas cantábricas, para, con Alfonso V y luego Fernando I el grande años más tarde volver a recuperar la zona del Duero.

Es a partir de ahí, con Alfonso VI primero, que conquista en 1081 Toledo (la antigua capital visigótica) y con Alfonso VII, cuando el Reino de León consigue su mayor preponderancia política y territorial en 1147, cuando es proclamado ‘Imperator legionense totus Hispaniae’ en su capital amurallada el nieto de Alfonso VI, nieto a su vez de Alfonso V el de los buenos fueros.

DIVISIÓN DEL REINO LEGIONENSE

Pero el nombramiento del ‘Emperador Leonés de todas las Españas’ escondía la desmembración del reino original con la aparición del Regnum Portucalense (que devendría en el actual Estado de Portugal) y, a la muerte del séptimo de los alfonsos desde Pelayo, el reparto entre sus hijos de León (con la preponderancia sobre el reino menor de Galicia y los tributos de parias de las taifas de Badajoz y Sevilla) y Castilla (con la preponderancia sobre el reino de Toledo y las parias de Jaén y Granada) dando realmente la independencia al que hasta entonces había sido un reino menor y nunca se había separado efectivamente León, como defienden prestigiosos Catedráticos de Historia del Derecho.

Y es ahí, con la llegada al trono de Fernando II de León, cuando se decidió el destino del reino de León hacia su máxima extensión de Norte a Sur de la Península (sin ya Castilla ni Portugal bajo su cetro), ya que éste pudo haber recuperado la corona Castellana para la Corte Leonesa −e incluso reclamar para sí la Aragonesa por herencia− pero prefirió hacer de árbitro de todos los reyes cristianos de la época. Cosa que agotó las arcas leonesas para cuando llegó a gobernar el que se considera, oficialmente, último, y a la vez uno de los más importantes, monarcas del reino.

Alfonso IX, el que convocó al pueblo llano en 1188 para darle voz y voto de forma estamental por primera vez en la Historia de la Humanidad. Lo que constituye el primer sistema protodemocrático de la Europa medieval que surgió de la fusión del extinto Imperio Romano y los pueblos bárbaros, cuyos nobles eran los que dominaban la política de la zona occidental del continente (con la Sur dominada aún por los musulmanes) y la Este por los ‘rums’ (romanos) del Imperio Bizantino. En 1789, 601 años después, los franceses acabarían con el sistema estamental (voto por tres brazos: eclesíastico, noble y burgués) en la Asamblea de la Pelota, dando lugar a la Revolución Francesa (inspirada a su vez por la Norteamericana).

Alfonso IX, fue el que dio el pistoletazo de salida para que los ciudadanos europeos terminaran creando la Democracia Representantiva Occidental seis siglos después, basándose en los adelantos propuestos por su antepasado ‘el de los Buenos Fueros’ para financiar la guerra defensiva contra Castilla y Portugal, que se querían hacer dueños de su reino.

Los Decreta de 1188, aparte de constituirse en una maravillosa lista de Derechos Fundamentales de los Ciudadanos (llegó a incluir en ella la Libertad de Pensamiento, un hito contra la Iglesia Católica que hoy conocemos también como Libertad de Conciencia y precedente indispensable para la que llegaría a finales del siglo XVIII como Libertad de Imprenta y Expresión) permitieron estabilizar la situación para que, cuarenta años después llegara a conquistar Badajoz, en la mayor extensión oficial que le da la Historiografía castellanizada actual al Reino de León.

EL ÚLTIMO REY DEL QUE NUNCA SE HABLA

Pero el Reino de León no desapareció tras heredarlo Fernando III aún en contra de lo que deseaba su padre. Sino que siguió existiendo bajo la misma cabeza coronada con Cortes e Instituciones Separadas (las últimas Cortes de León se produjeron en 1349 en su propia ciudad) hasta que la muerte de su nieto, Sancho IV (el hijo de Alfonso X), y la minoría de edad de su bisnieto, Fernando IV, desembocó en una suerte de luchas de poder entre los miembros de la familia real con un sorprendente y desconocido resultado para la mayoría de españoles:

Que volvió a coronarse un rey en la Catedral de León.

Éste fue Juan I de León, el último rey oficioso del territorio que dieron legislación los Decreta de 1017, cuyo territorio desde el año 1296 al año 1300 (o 1301 según alguna fuente) fue el Reino de León original (con Galicia y Badajoz), más el Reino de Sevilla (que Fernando III conquistó con tropas fundamentalmente leonesas). En la imagen inferior sólo habría que unir imaginariamente Galicia, León y Sevilla para imaginarse sus límites.

Es decir, que en el último momento histórico del Reino de León se extendió de Norte a Sur de la Penínsiula, de Asturias a Sevilla y Cádiz, como si fuera la ‘tapa’ del Reino de Portugal partiendo media España y alejándolo de Castilla.

Al final, tras cuatro o cinco años de disputas, Juan I (al que la Historiografía castellanista lo llama maliciosamente ‘el usurpador’) renunció a su corona legionense y se la cedió a Fernando IV.

Pero lo que es indudable es que el Reino de León dejó una marca indeleble en la Historia de España y en el poblamiento de sus habitantes, como demuestran las hipótesis que se derivan de resultados de estudios genéticos en los que participó la Universidad de Oxford.

Nota: para conocer mejor la extensión del reino de León a lo largo de la Historia, es recomendable leer el blog del historiador Ricardo Chao llamado: ‘Corazón de León‘ y su libro ‘Historia de los Reyes de León‘, además de la cantidad de información que se puede leer en la sección de DOCUMENTACIÓN de este especial sobre el Fuero de León de 1017.

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